viernes, 3 de julio de 2015

A más de la mitad del camino


El día está nublado y me siento feliz. Ya lo he dicho antes, me encanta celebrar mi cumpleaños y ésta es la cuatrigésima sexta ocasión que lo hago. No, no me canso. De hecho cada vez es más interesante, puedo observarme más y tener menos expectativas. Es decir, disfrutarlo más y más.
Este ha sido un año bueno y generoso: creé oportunidades que no me había dado antes, tuve miedo, y de todas formas fui por ellas, me sentí satisfecha, valiente, realizada. Es emocionante seguir viviendo, seguir conquistando pequeños pasos que me parecen grandes, y ver el límite de lo que creo que puedo hacer recorriéndose más y más hacia el horizonte. Hoy solo tengo ganas de agradecer, y sonreír es de las mejores maneras que conozco para hacerlo.
Y aquí seguimos, en este barrio tan rico y disfrutable... desde los 46 recién cumplidos, reportando para los cuarenta y sus alrededores, Lilyán de la Vega.

martes, 30 de diciembre de 2014

Siendo... o el encanto del gerundio

"¡Soy siempre yo misma, pero con seguridad no seré la misma para siempre!", dice Clarice Lispector y yo me apropio de su cita no en teoría, sino en práctica cotidiana como lo ha demostrado mi 2014 que se extingue mañana. ¡Qué año ha sido éste! Tan lleno de retos, de experiencias nuevas, de oportunidades y logros inesperados, de adaptación al cambio, de transformación y de paz. 

Parece paradójico pero la paz no tiene nada que ver con la quietud exterior, con la certidumbre, ni con el silencio del entorno, la paz tiene que ver con la quietud interior, la capacidad de estar atento a lo que va sucediendo en medio de la incertidumbre con curiosidad y alegría, y por supuesto con el silencio de adentro; ese que sucede cuando dejas de juzgarte, cuando dejas de fantasear con miedo hacia el futuro o rumiar el pasado. Cuando vas siendo, pues.

Así ha ido siendo poco a poco, y cada vez más, mi dosmilcatorce. Y me siento satisfecha, agradecida y serenamente feliz.

El día primero de enero del dosmilquince haré mi ritual de cada año de elegir una palabra faro, una palabra o frase que me guíe a lo largo de mi siguiente vuelta al sol. En esta ocasión será "fluir con dirección y confianza". Quiero enfocarme en la dirección que quiero seguir con la confianza de que no necesito tener una expectativa acerca del camino que yo creo me llevará ahí, sino confiando en lo que es, en lo que está siendo, sin expectativas limitantes.

Sigo asombrada y agradecida de todas las herramientas de ligereza y desenfado que voy descubriendo en esta década. Amo este barrio que me ha enseñado el encanto del gerundio.
Imagen tomada de la web, autor desconocido. Si eres el autor y no deseas que esta imagen aparezca aquí, 
por favor házmelo saber y de inmediato la retiro.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Cuarenta y cuatro, 44, 4x4

Me gusta este número por varias razones. Es perfecto y redondito o cuadrado, según queramos ver; en cualquier caso simétrico, equilibrado, par en sí mismo. Tiene también un lado mágico de acuerdo a distintas numerologías. En la maya, al número cuatro se le conoce como "can" (y pienso en el can can, revolucionario de su época, provocativo y rebelde); en la numerología occidental representa la lucha contra los límites y la creatividad, en el Tarot, el cuarto Arcano es el Emperador de la Cábala y representa la estabilidad; la base para construir todo aquello que queremos, y por eso, para que sea sólida, exige reflexión. En Japón la palabra que se utiliza para nombrar al número 4 suena igual que la que se utiliza para nombrar la muerte; como en muchas culturas occidentales, ahí la muerte tiene un doble sino, el del fin y el del reinicio, el renacimiento, la renovación.
Por último, me hace pensar en un concepto que he adoptado para mi en los últimos años: el 4x4, como en los autos todo terreno. He ido trabajando en construirme una faceta así, de exploradora, de zapatos de hiking y anhelo de naturaleza; de más ganas de ser más simple, más natural, más dispuesta a descubrirme cada día sin dejar que mi autoimagen me limite.
A todo esto me suenan mis cuarenta y cuatro: un momento de llegada y de nuevo principio; de logro y de reto; de creatividad para romper con los límites; de reflexión y de mucha paz. Me gusta el número cuarenta y cuatro porque me gustan mis 44.


jueves, 18 de abril de 2013

¿Y si me muero?



Luis, gracias por estar en el momento de más miedo.

Hoy me llevé un sustazo.

A primera hora de la mañana fui a hacerme una mastografía porque hace unos días sentí una bolita en mi seno derecho. La señorita del centro de imagenología me dijo, con su tono de rutina, que el día de mañana podía recoger mis resultados a partir de las 8.30 de la mañana. Así que continué mi día olvidándome del tema. A eso de las 7 de la noche recibí una llamada, "¿Señora Lilyán de la Vega? Le llamo del Centro de Imagenología, ya tenemos sus resultados, pero el doctor me pidió que le avisara que necesitamos hacerle un ultrasonido." Me dio un vuelco el corazón. "Está bien, ¿puede recibirme mañana por la mañana?", pregunté. "No. El doctor quiere que venga ahora mismo." Salté al carro y me dirigí, con el alma en un hilo, al lugar.

El camino se me hizo eterno. Me dio tiempo de pensar en qué iba a hacer si me decían que tenía cáncer. Lo primero que me vino a la mente, por inverosímil que parezca, fue: de inmediato voy y me quito estos brackets que ya alucino. No voy a pasar los últimos meses de mi vida sin poder disfrutar de la comida. Luego vino lo más fuerte, ¿querría quimioterapia, un tratamiento naturista? ¿Le diría a mi papá? No, se iba a preocupar y eso no le iba a hacer bien con su diabetes. Mejor lo solucionaba yo misma y le decía una vez que todo estuviera bajo control... o que no lo estuviera. ¿Le diría a mis hijos? Lo bueno es que la casa se pagaría sola, por el seguro. Lo bueno es que mi libro ya está por salir, tal vez me diera tiempo de presentarlo. No quería dejar de escribir, pero quería trabajar menos, para estar más con mis hijos. Tenía que ponerme a organizar tiliches, no pensaba dejarles a los niños una herencia de cosas que les daría culpa tirar aunque no supieran qué hacer con ellas...

¿Y qué onda con mi balance emocional? ¿qué decía mi maestro que tenía que hacer si una emoción me secuestraba? Empecé a verla venir, con todas sus intenciones: la tristeza amenazaba con humedecerme los ojos antes de tiempo. "Atiéndela cercanamente", recordé. Y eso hice... por unos instantes. Luego pensé, ¿y por qué estoy triste? Para, Lilyán, para... todavía no sabes nada. Aquí, ahora. Aquí, ahora.

Una hora más tarde, aún con un hoyo en la panza, me despedí del médico agradeciéndole su amplia explicación. Todo está en orden. Me había llamado porque el exceso de tejido fibroso le impedía darme un diagnóstico determinante de la mastografía. Pero el ultrasonido había descartado la presencia de ningún tumor. Cambios hormonales propios de mi edad, terapias hormonales tomadas a lo largo de mi vida y probablemente el momento de mi ciclo menstrual eran las responsables de tan turbio panorama en la placa inicial. Podía irme tranquila.

Estoy agotada y, afortunadamente, en paz. Sospecho que debo trabajar mucho, mucho más mis emociones y la tendencia de mi mente a viajar a futuros imaginarios. Y me quedo pensando... ¿qué me falta hacer antes de morirme? Tanto... lo principal, acompañar a Sabina y a Renato a crecer. Pero si eso ya no fuera posible, lo que más me hace falta es prepararme y prepararlos para poder irme de esta vida sin angustia, para poderles transmitir paz, para poder decir adiós sin mirar atrás. Mucho trabajo.

Realízate el auto examen hoy. No siempre se corre con la misma fortuna; y cuanto antes se detecte cualquier anomalía, más fácil será erradicar el problema sin amenazar tu vida.

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