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miércoles, 6 de enero de 2010

La primera mitad



¡Vamos por la segunda mitad! Inicio el segundo semestre de mis 40. Cuarenta. Sigue sonando fuerte esa palabra: cua-ren-ta. Y sin embargo, aquí estoy, sintiéndome como siempre: yo.

El primer semestre de este año de vida fue duro. Lo inicié con una despedida. Fue una despedida diferente a otras, predecible, incluso liberadora, aunque no por eso menos dolorosa. Aprendí que puedo decir adiós de verdad, sin mirar atrás. Aprendí que puedo hacerlo y al mismo tiempo guardar como un tesoro lo valioso, lo entrañable, las bendiciones, dones y regalos para el alma recibidos de quien ya no está en mi vida. Y seguí caminando los cuarenta sorpresivamente sola, o no tan sorpresivamente para ser sincera. No era lo que deseaba, sí era lo que podía esperar.

Y siguieron más despedidas, y más oportunidades para volver a tocar el inesperado bienestar de mi propia compañía. Y así sigo, aprendiendo de mis pasos de a una, de mis caminos y decisiones propios. He aprendido a tomar mi mano derecha con mi mano izquierda y sentir su calor, su apoyo, su fuerza. He aprendido a sentirme sola y bien al mismo tiempo, a mirar los recuerdos y suspirar, igual que siempre, pero al mismo tiempo saber que todo está bien tal como es, aunque no siempre lo vea tan claro.

"Si pudieras pedir un deseo, que supieras que sin lugar a dudas te sería concedido, ¿pedirías que las cosas fueran EXACTAMENTE como son ahora?", me preguntó el otro día el Universo. "Yo también", se respondió a sí mismo. Y me dejó pensando... Sí, creo que después de todo la respuesta es sí, le pediría que las cosas fueran EXACTAMENTE COMO SON. Porque sé que así como están, tengo un infinito de posibilidades ante mis ojos, y que eso me hace una mujer muy afortunada.

Gracias por lo vivido, 2009. Gracias por el lienzo en blanco, 2010.

¡Felicidades a todos! Que el 2010 les traiga posibilidades, potenciales y gratitud.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Divagar



Se acerca el fin del año y mi mente divaga. La constante es el cambio, lo hemos dicho antes. Ningún año se escapa en la distancia del tiempo, de ser una cadena de transformaciones. Y sin embargo cada cambio parece el único, el más difícil, el más insufrible, o el más dichoso de todos. ¿No da igual entonces si el cambio me lleva a la derecha o a la izquierda? Si al fin y al cabo luego cambiará de nuevo el viento, el paisaje estelar, y hasta lo que yo siento.

Este año, como todos, fue un año de muchos movimientos; de transiciones internas y externas. De decisiones importantes. De crecimiento. Tengo mucho que agradecer al 2008: mi salud y la de los míos; estar rodeada de amor; la alegría de mis hijos; ¡mucho trabajo interesante, estimulante y remunerado!, haber encontrado, finalmente, la coincidencia entre mi vocación, mi pasión y mi trabajo; haber conocido a gente tan, tan inspiradora a través de mi trabajo; volver a reconocerme cuando me miro al espejo; sentir que me amo; el haber descubierto el gusto por correr y haber vencido el reto; el Coaching, que me llevó de la mano a volver a tocar la felicidad dentro de mí; la invasión abrumadora de las letras y la poesía en mi vida; estar siendo capaz de disfrutar de mi propia compañía. Reencontrarme.

También tengo que dar gracias a lo que partió de mi vida, por las enseñanzas que dejó en mi corazón. ¡Gracias!

Y finalmente, saludo con entusiasmo al horizonte que veo desde aquí acercándose con el 2009: paz, tranquilidad y amor en mi hogar; más salud; más trabajo intenso y apasionante; más ingresos; poesía; un manuscrito vuelto libro; la música del violonchelo que está en espera de que lo retome; más carreras de 10K y mejores tiempos; armonía en mi familia; plenitud.

Mi mente sigue divagando e imagino miles de hoizontes multiformes y multicolores. Divago y sueño con un mañana colorido. Sueño que sueño, pero regreso a casa. Detengo mi mente en este instante y veo que es perfecto. Agradezco.

martes, 9 de septiembre de 2008

Gracias

Hoy sólo tengo ganas de decir, gracias. 

Gracias vida, por todo lo que me has permitido aprender; 
por todo lo que me has hecho crecer; 
por que finalmente lo creo, si hay obscuridad también hay luz; 
porque empiezo a creer que sí es posible ser feliz -no sólo 
de dientes para afuera, sino más bien, de los dientes hasta el alma;
porque lenta como he sido, tras casi 40 años comienzo a 
conocerme y a atreverme a ser yo;
 porque tengo muchas ganas de tener mucha vida 
para seguir aprendiendo, y también para vivirla con más gozo.
por estar viva... ¡y sentirlo!

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viernes, 16 de mayo de 2008

Objetos de transición: pensando en voz alta

Me gusta cómo suena "objetos de transición". Suena interesante... ¿qué carambas serán?

Mi amiga Elba -mamá experta- los mencionó cuando hablábamos de ositos de peluche y mantitas entrañables para los niños. Nos explicó que cuando un niño se apega excesivamente a algún objeto como estos, está pasando de una etapa a otra, y está haciéndolo con el apoyo de, por ejemplo, su Teddy Bear, que le da seguridad en su transición a lo desconocido. Dijo también que era importante no inhibir el apego del niño a ese objeto, porque estab llenando una necesidad que, si en ese momento satisface, no traerá arrastrando más adelante en la vida.

Y ya sabes... me quedé "clavada en la textura" pensando. ¿Y qué sería un objeto de transición en esta etapa de mi vida? Pasé sin amortiguadores de una etapa de seguridad, de certidumbres, de tranquilidad -incluso excesiva-, de mi zona de confort pues, a un período de incertidumbre, de confusión, de obscuridad, de sentirme volando en la nada... para luego, con muchísimo esfuerzo y trabajo, retomar poco a poco una sensación de paz, de esa calma frágil que viene después de la tormenta.

Si asumo que la etapa intermedia -la más negra- fue la de transición hacia mi situación actual, y me pongo a pensar de qué me agarré en los momentos de más miedo y debilidad, ése sería mi objeto de transición.

Pues sí... parece obvio, pero no lo es: me agarré de mi hija y del bebé que venía en camino, sólo ahí encontraba sentido; Me agarré de mi pluma y mis palabras escritas... no soltaba mi cuaderno, si no escribía sentía que me explotaba la cabeza tan llena de argumentos; me agarré de mis amigas, amigos, mi papá y mis hermanos, a quienes seguro abrumé con mis monólogos reiterativos y autocentrados; Me agarré de mis libros -compré una biblioteca entera del tema que me acongojaba- donde buscaba respuestas, explicaciones, esperanzas.

Y no sé de todo eso si algo fue mi objeto de transición, pero a aquello que lo haya sido hoy le doy las gracias por haberme permitido transitar por la obscuridad, cruzar el bosque al que tanto miedo le tenía, para llegar aquí, al otro lado del valle, donde hay paisajes nuevos por explorar, montañas desafiantes que escalar, promesas dibujadas en el paisaje, y un horizonte que me invita a seguir caminando.... ¡o corriendo!


miércoles, 30 de abril de 2008

El día del niño (¡y de la niña!)


Con la defectuosa congruencia que me caracteriza en los discursos que le doy a mi hija, con el afán de inculcarle una visión justa, sensible, inteligente y anticonsumista (es en este último valor donde más me falla la congruencia), le dije que hoy no iríamos a comer a Johny Rockets, como ella quería, porque sólo por ser el "día del niño" iba a estar llenísimo... y que en realidad, eso del día del niño era sólo un invento para hacernos gastar dinero inútilmente. (Aunque, chéquese la incongruencia, he de confesar que a mi ME ENCANTAN los pretextos para celebrar... ¡lo que sea!).

Con la asertiva congruencia que la caracteriza a ella en sus respuestas a mis sermones, me respondió que estaba bien, que comiéramos en la casa hoy para evitar la muchedumbre, pero que ella pensaba que eso de los días del niño, de la madre, del padre y demás inventos, no eran sólo para hacernos gastar dinero; sino que eran fechas que podíamos aprovechar para agradecer. Ella, por ejemplo, no gasta mucho dinero el día de la madre -porque no tiene-, pero me regala lo que hace en la escuela y me agradece que sea su mamá. Así que hoy, me dijo, deberíamos de celebrar con una comida rica en la casa, y yo debería agradecerle que ella es una niña.

¡Wow!

Agradecer, lindo verbo. Un gran regalo que dar y que recibir. Y los pretextos para hacerlo son infinitos (no es una exageración). Toma cualquier evento de un día al azar -incluso un hecho aparentemente intrascendente o francamente negativo- y siéntate a pensar motivos para agradecerlo. Seguro los encuentras. Pero hoy me voy a ir por el lado más fácil del ejercicio: agradecer que mis hijos son niños. ¡Pan comido!

¿Qué agradezco de que Sabina sea una niña? 
*Agradezco su espontaneidad, que llena mi casa de regalos hechos a mano y pegados con diurex.
*Agradezco su libertad para soñar sin reservas -y sin pena si sus sueños cambian de un día para otro-. Hoy sueña que quiere ser "astropaleontolofísica" (creo que yo no conocía ningua de las tres palabras que componen esa profesión a su edad), mañana quiere ser chef, y pasado mañana lo piensa mejor y decide que quiere ser ¡investigadora de la CIA! Si hoy está leyendo Harry Potter, quiere ser maga y arma su kit correspondiente; si mañana lee Túneles, se convierte en excavadora y busca entre sus cosas lo necesario para ello... Así es, sueña con libertad, intenta alcanzar esos sueños con todas sus ganas, con todo su ser... ¡un día! Es una coleccionadora de sueños. ¡Me encanta!
*Agradezco su capacidad de perdonar y recuperar la confianza en sus papás, aunque nos equivoquemos más de lo que quisiéramos.
*Agradezco su falta de pena para cantar... Canta a toda voz, a veces entonada, a veces para nada. Y llena el ambiente de su entusiasmo y alegría.
*Agradezco su risa estridente en cualquier lugar y momento.
*Agradezco su necesidad de mí, de su mamá, para que la acurruque, para que la duerma, para que la aliente, para la ame... ¡qué lindo se siente ser tan importante para ella!

¿Qué agradezco de que Renato sea niño (bebé)?
*Agradezco el baño de agua fresca que significó su llegada.
*Agradezco su sonrisa tan amplia cuando me ve llegar.
*Agradezco su capacidad de asombro ante las cosas más cotidianas, como un foco encendido, una tapita de refresco, el sonido de una campana... me recuerdan que descubrir el mundo es toda una aventura.
*Agradezco sus cosquillas tan gozosas
*Agradezco que me dio una segunda oportunidad para disfrutar de ser mamá

Este día del niño (¡y de la niña!) también me hizo reflexionar sobre las cualidades que todavía conservo de esa etapa de mi vida... y me gustó lo que vi:

*Pasión por todo lo que hago
*Capacidad de reirme de mí misma
*Facilidad para hacer amigos
*Aunque ya ni tengo ni las compro.... ¡me siguen gustando las muñecas! (pero ya no me gusta jugar a la casita)
*Adicción a los chocolates
*Capacidad de soñar con libertad

Así que he decidido que yo también voy a festejarme el día de la niña con mis hijos hoy... No sin antes hacer un espacio a continuación, para enlistar las características que me gustaría recuperar de la niñez, porque creo que me harían una persona más feliz:

-Deseo recuperar la espontaneidad para divertirme.
-Deseo recuperar la confianza total en los seres que amo.
-Deseo recuperar la ingenuidad y la inocencia para ver la vida con más optimismo.
-Deseo recuperar la certeza que tenía de niña, de que los finales felices sí existen (sea o no verdad).

¡Feliz día del niño y de la niña!


 

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