miércoles 2 de diciembre de 2009
¡Me retracto!
Uno cree que ya aprendió la lección, como si no supiera que nunca se termina de aprender. Ayer conversaba con un amigo a este respecto, y tuvo a bien informarme que los ciclos nunca se cierran. Cosa por demás lógica, aunque nunca antes lo había pensado. La vida toda es un proceso. ¿Qué me hace pensar que una parte de ella va a quedar cerrada para siempre?
Claro, siempre es un consuelo, o una esperanza infundada si quieren verlo así, pensar que un día cerraré el ciclo, que un día olvidaré para siempre, que un día ya no dolerá. Que un día habré aprendido todo y seré tan sabia que veré cada uno de los acontecimientos de mi vida con compasión suficiente para sentir que todo, cada segundo vivido, ha sido perfecto tal y como fue.
Por lo pronto, hoy, me es imposible vivirlo de verdad de esa manera. Y resulta liberador recordar que todo es un proceso... que por tanto, es lógico dar un paso atrás, o dos o tres, de vez en cuando. Natural que de pronto las heridas que parecían cicatrizadas vuelvan a abrirse, que vuelva a sentir lo que yo pensaba superado, que vuelva a llorar por quien pensaba no volvería a hacerlo, vuelva a desear nuevas oportunidades, vuelva a tener esperanza cuando se suponía que ya la había "matado".
A veces, por puro instinto de supervivencia, uno se pone un curita en el alma al más puro estilo de Mafalda, y la mueve poquito, o casi nada, para no ir a lastimarse por si acaso la costrita está todavía fresca... Y un día, cuando menos te lo esperas, te llega una noticia como al descuido que te arranca el curita, la costra y hasta la piel que estaba sana. Y vuelve a doler... y ¿qué se le va a hacer? Hay que reacomodarlo todo y esperar pacientemente a que vuelva a cerrar, o quizás también sea posible tomar la oportunidad para sentir, para ser valiente y seguir adelante a pesar de las heridas. Para olvidarse del miedo de volverse a lastimar y arriesgarse de nuevo...
Así me está pasando también con este blog... No, definitivamente no tengo superado el umbral de los cuarenta. ¡Si apenas empiezo a cruzarlo! No... aún hay momentos en que vivo y siento como si tuviera 20 y luego me apeno porque recuerdo que ya tengo el doble.
Cuánta humildad hay que aprender a tener en la vida... ¡cuánta!
No... aún no es tiempo de decir adiós a Los cuarenta y sus alrededores. ¡Me retracto! (¡Gracias por seguir ahí!)
domingo 6 de septiembre de 2009
Fecha de caducidad: hoy

Todo lo que comienza, termina. Lo que nace, muere. Lo que es, deja de ser. Todo lo que existe, pues, comprende un ciclo que tiene un principio y un final, una fecha de caducidad. Hoy, tuve la certera sensación de que ésta es la fecha de caducidad de Los 40 y sus alrededores.
Mi llegada a los alrededores de este barrio, hace poco más de un año, en abril del 2008, fue catártica. Vivía un momento de vida de muchas disyuntivas. Definía mis rumbos y renovaba mis sueños, al tiempo que me acercaba a paso firme a mi cuarta década de vida. Hubo sismos, terremotos, tsunamis y avalanchas que arrasaron con mucho de lo conocido, seguro y estable que tenía hasta ese momento. Algunos de estos fenómenos vinieron de fuera, otros fueron provocados por mí de forma intencional o como parte de la inercia de los pasos dados a lo largo de mi historia.
Hoy, todo, todo es distinto: mi entorno familiar, geográfico, laboral y emocional. Hoy me siento mucho más completa que en aquel entonces. Más segura parada sobre mis propios pies, más comprometida conmigo misma, más satisfecha con lo que hago y vivo cotidianamente, más en mí, más en paz. El miedo, compañero constante de todas mis batallas, no me ha abandonado. Ahí anda, merodeando los mismos caminos que recorro, apareciendo un día sí y un día no, manteniéndome alerta.
No obstante, he aprendido a no temer al miedo, a mirarlo de frente y saber que, al final, es sólo eso: miedo. Un sentimiento que sale de mí misma, de mi ignorancia más intrínseca, del atroz equívoco que es la expectativa. Que tal vez no se vaya nunca, pero que si no me paralizo, no me hará daño. Será parte de mi sombra y a veces parte de mi luz.
En este tramo de vida recorrido los últimos dieciseis meses, estuviste tú a mi lado. Te lo agradezco. Ha sido importante para mi reflexionar contigo, saber que me lees, que a veces entiendes y a veces no, pero que estás junto a mí, allá, al otro lado de la pantalla. Me has visto caerme, levantarme, llorar o sonreír. Me has visto exaltada, emocionada, serena o confundida. Me has visto como soy: contradictoria, idealista, humana... Y tal vez hayas visto también que, cada vez menos, reflexiono sobre lo que esperaría yo de mí misma en este barrio. Al parecer, ya me cayó el veinte, ya estoy bien instalada en los 40.
Seguiré mi camino. Seguramente daré pasos atrás involuntarios. Tal vez voy a caerme, y si eso sucede, seguro voy a levantarme. Pero aquí quiero cerrar este capítulo, y dejarte a ti un abrazo sincero por tus ojos siguiendo mis renglones, y en ellos mis pasos por la vida últimamente.
Allá voy, Resto de mi Vida, a seguir andando por tus valles y tus picos, a seguir morándote con toda la intensidad de que es capaz mi alma, a seguir siendo yo, ¡de los cuarenta en adelante!
¡Corte y queda!
P.D. Te invito a que me sigas en mi nuevo blog: www.aquiviviendo.blogspot.com
4,500 visitas de enero 2009 al día de hoy... ¡gracias!
Etiquetas:
cerrar ciclos,
despedida
lunes 31 de agosto de 2009
Lecciones

Lecciones te da la vida... siempre tiene algo con qué sorprenderme. Esta noche en que miraba la luna y me sentía algo miserable por mirarla en solitario, tras un día difícil, de sentirme totalmente aislada en este nuevo lugar, recibí una llamada telefónica de quien menos lo esperaba. Fue dulce, amorosa y solidaria; fue asertiva, clara y directa; fue una amiga venida de la nada... Me conmovió, me hizo sentir comprendida y apoyada, me brindó su amistad y me sentí muy honrada. Esto tan breve es para ella, porque me mostró con humildad y transparencia que las mujeres entendemos, que siempre hay alguien en quien apoyarse cuando flaquean las piernas o el espíritu y que hay que estar abiertos al universo literalmente, porque ese alguien puede ser quien menos te lo esperas.
Gracias, Danaé.
Etiquetas:
Lecciones de la vida
viernes 28 de agosto de 2009
La belleza de existir

Suscribirse a:
Entradas (Atom)


