viernes, 5 de julio de 2019

Mi segunda mitad: 50

Llevo dos días parada ya en mi segunda mitad. Cumplí 50, que son mis años vividos hasta ahora. Medio siglo, la mitad de lo que siempre he dicho que quiero vivir, un siglo. Bueno, un poquito menos, porque el número que siempre aparece en mi cabeza cuando me pregunto cuántos años viviré es 105.

Solía decirlo a la ligera, dando por hecho que sólo era cuestión de irle sumando una rayita más cada año a la cuenta, sin considerar los estragos que cada vuelta al sol pudieran traer a mi cuerpo.

Hasta el momento, todo bien, o al menos manejable. Pero debo admitir que empiezo a cobrar conciencia de los cambios.

Los cambios

Algunos son evidentes, están a la vista de todos: las ojeras salen más pronunciadas en las selfies y las canas ganaron la batalla (ya mejor me volví platinada), por no hablar de los kilos sin retorno que la báscula aumenta cada década.


Otros, son más sutiles, aunque aún perceptibles para quienes están cerca de mi: necesito más horas de sueño que antes, me duele la espalda baja cuando me levanto de un sillón, y ahora sí ya no veo ni de lejos ni de cerca sin mis lentes progresivos.

Y otros más, que sólo noto yo, me hablan de cambios que quizá estén relacionados con mi paso por algunas experiencias de la vida: tengo menos miedos, menos expectativas y más ganas de silencios y de pausas; sonrío más para mi misma y procuro hacerme sonreír sin la ayuda de nadie; cada vez me inquieta más la pregunta de por qué me ha tocado a mí ser tan afortunada en tantos aspectos de la vida. Sólo atino a agradecer, profundamente, tanto.

Ayer, hoy, mañana

Para algunas personas los cumpleaños no significan gran cosa; yo por el contrario, los encuentro fascinantes. Son días en que me detengo y miro con curiosidad hacia atrás y hacia adelante. Me recuerdo, me siento, y me sueño.

Hoy, me recuerdo cuando comencé este blog, hace diez años. Todo era tan distinto en mi vida, que podría tratarse de otra persona la que está en mi memoria. Estaba eufórica, viviendo lo que resultaría ser uno de los trances más difíciles de mi vida: mi divorcio. Esa rara euforia que a veces ocurre ante la perspectiva del cambio, necesario, aunque doloroso.

Hoy, no tengo euforia, me siento caminando a un ritmo más pausado. El camino que me trajo hasta aquí, a la orilla del barrio de los 40 que ha quedado atrás, ha sido ecléctico. En ese entonces no podía ni imaginar cómo viviría hoy, que me mudo a otra etapa de la vida. Cuánto ha pasado: búsquedas internas, crecimiento personal, logros y fracasos; un libro, talleres, círculos de mujeres; una hija que se volvió universitaria y un hijo que está en el umbral de la adolescencia; una pareja que había soñado y que nunca pensé que se manifestaría; un hogar, viajes, amigos nuevos, proyectos compartidos y personales. Un camino sin muchas paradas, más bien apresurado, pero con dirección y sentido.

Inauguro mi Ruta de los 50s y me sueño bajando el ritmo y profundizando la experiencia. Agradecida y con la pluma desenvainada.

Cierre

Y con esto me despido de este blog, donde de forma intermitente registré mi experiencia en el barrio de los cuarenta. ¿El balance? Lo mejor hasta el momento: mucho crecimiento, mucha experiencia, muchos sueños aterrizados, muchos intentos, caídas y logros, mucha valentía, mucho amor, mucha libertad, mucha vida. Me voy de aquí llena de gratitud y bien armada para la ruta que viene.

Nos vemos en mi página web, a donde se mudarán todos mis blogs e inauguraré uno nuevo. Te invito a visitarla y suscribirte: www.lilyandelavega.com ¡Sigamos en contacto!





lunes, 2 de julio de 2018

49

Cuarenta y nueve


Lomas de Cocoyoc, martes 3 de julio de 2018.

Progresivamente

El día de hoy estrené mis lentes progresivos. Me gusta utilizar lentes porque no tengo que fruncir el ceño para leer; he descubierto que es un gesto muy cansado. También me gusta usarlos porque, en las fotos, me tapan un poco las ojeras. En realidad, siempre me gustó usar lentes, desde que ni los necesitaba, pensaba que me daban un aire interesante, intelectual...

¿Para cuándo?

Fui muchas veces "al oculista" de los veinticinco en adelante, con la esperanza de que detectaran que ya tenía que usarlos para leer. Pero no fue sino hasta los 40, sí, justo a los 40, cuando finalmente empecé a estirar los brazos para enfocar mi lectura. De ahí hasta ahora, no me he separado de ellos, y están cada vez más presentes en mi vida.

Esta tarde la oftalmóloga, de hecho, me dijo que lo ideal sería que no me los quitara más que para dormir (y para bañarme, sugirió Sabina, mi hija).

Coincidecias

La coincidencia es bonita. También el día de hoy, es el día que cierra mi década de "los cuarenta". Estoy cumpliendo cuarenta y nueve. Por suerte este blog que comencé hace diez años, en mi cumpleaños 39, incluye la frase "y sus alrededores", de manera que aún me queda un año para registrar en él la experiencia de estos diez años tan intensos y determinantes en mi vida.

Haciendo historia

Comienzo esta nueva vuelta al sol en un día histórico para México. El 1º de julio fueron las elecciones más grandes de la historia de México, y por primera vez, la alternancia la ganó la izquierda. Una ideología con la que siempre me he identificado, por su vocación social y su espíritu de utopía; por su naturaleza incluyente y su talante humanista. La verdad es que me emocionó ver que, finalmente, la alternancia se consolidó en este país que tuvo durante tantos años, lo que algunos historiadores llamaron la dictadura perfecta, partidista; esta alternancia comenzó su historia por la derecha, sin mucho éxito, y ahora, está teniendo lugar en la dirección contraria: la izquierda.

Polarización

Lo doloroso del proceso es la polarización social que se siente en este momento; lo positivo: que cada vez más de nosotros cobramos conciencia de que los cambios que queremos para nuestro país no vendrán de arriba, sino de nuestra propia capacidad de comprometernos a volvernos ese cambio tan deseado, de participar en él con responsabilidad y perseverancia. Estoy consciente de que hay muchas opiniones diversas sobre el presidente electo y su partido; miedo en algunos sectores; franca aversión en otros. Y mi deseo es ser un agente de paz y de unión en mi entorno; porque yo me siento así: serenamente emocionada y con ganas de hacer mucho por el presente y el futuro de este México que me cobija, a mi y a los que amo.

Transformación

El asunto es que los cambios no se dan de la noche a la mañana. Suceden poco a poco, casi imperceptiblemente, a lo largo del tiempo que va corriendo. Y esto ocurre así tanto en los países como en las vidas personales. Lo he atestiguado con la mía, por ejemplo.

De aquél 2008 en que comencé mi blog a este 2018 mi vida ha dado un giro de 360 grados. Baste decir que en aquel entonces me sentía sin rumbo y absolutamente vulnerable. Hoy, camino con dirección y me siento valiente -sin necesidad de que nadie me lo diga.

La vida no es perfecta sino apasionante. Su constante movimiento la hace maravillosamente impredecible y a nosotros nos va fortaleciendo ante la incertidumbre.

Hacia adelante

Hoy me siento llena de confianza en ella, en la vida, que me trata siempre con amorosa benevolencia. Mi vida dista mucho de ser perfecta, pero está llena de muchas bendiciones de todos tipos, especialmente algunas que tienen nombre propio: Mario, Sabina, Renato, Alejandra, Bernardo.   Aquí, en la línea de salida de mis segundos cincuenta, lo que más quiero es decir gracias y sonreír en silencio.










miércoles, 6 de abril de 2016

Receta para perpetuar el machismo y la violencia contra las mujeres

Hoy estoy convencida, la violencia de género sólo puede erradicarse desde casa. Son temas que en este barrio veo con mayor claridad que nunca. Y aquí comparto un intento creativo por transmitirlo sin dejar lugar a dudas.

“El germen de la violencia en contra de las mujeres,
está en el machismo, la desigualdad  y la
discriminación que se enseña en cada casa.”
—Daniel Moreno, de “Animal Político”


El ingrediente principal es la educación; y de ésta, principalmente la educación en casa. ¿Quieres asegurarte de que cuando tu hija crezca sea discriminada por ser mujer; sea acosada sexualmente en la calle, en la escuela, en la oficina y a todos les parezca normal; sea agredida física, emocional o moralmente y que sea normal? Aquí te decimos cómo:

Ingredientes:
  • ·      Una sociedad machista y misógina
  •      Una educación en casa machista y misógina
  • ·      Una madre sumisa, dependiente, discriminatoria de sus propias hijas
  • ·      Un padre misógino, violento, machista, que mida con distinta vara a sus hijos que a sus hijas
  • ·      Todas las ocasiones posibles para hacerle saber a tu hija que no tiene los mismos derechos  ni obligaciones que sus hermanos (i.e., a él le dan más dinero que a ella; a él le dan mejores oportunidades de educación que a ella; él tiene menos obligaciones en la casa que ella; él tiene más permisos que ella; a él le enseñan a cuidarse sólo, a ella a depender de que él la cuide; él aprende a tomar, a manejar, a usar el taladro, a hablar de política; ella aprende a cocinar, a planchar, a lavar, a responsabilizarse de sus hermanos chicos y hasta de los grandes; él aprende que ser valiente es su obligación; ella aprende que ser salvada es su destino).
  • ·      Una sociedad que le haga saber a él que su mandato es ser un Don Juan, ganar mucho dinero y no demostrar sus emociones; y que le haga saber a ella que su valor reside en su virginidad, que tiene que encontrar alguien que la mantenga y que ha de soñar con ser madre y hacerse cargo de sus hijos como único destino decente.
  • ·      Una sociedad que a él lo califique de galán si tiene sexo y a ella de puta.

Forma de hacerse
  • ·      Envié estos mensajes a sus hijos e hijas todos los días de su vida.
  • ·      Expóngalos lo más posible a programas de televisión, películas, telenovelas y música que exalte estos estereotipos.
  • ·      Estimule lo más posible en sus hijas, desde chiquitas, el valor de su apariencia y su belleza, por encima de su inteligencia y sensibilidad, para que vayan practicando que su valor y atractivo residen en su cuerpo y en los estándares de belleza impuestos por la sociedad, y no en el contenido de su mente y de su corazón.
  • ·      De ser posible, adoctrine a sus hijos con el ejemplo en el tema de valorar su propio cuerpo y el de las demás en función de sus medidas y su peso. No hay como el ejemplo para educar.
  • ·      Mezcle todos los ingredientes entre sí y agregue una pizca de inconsciencia y consumismo –esto le dará un sazón más interesante- antes de hornear al calor del divertido ejercicio de juzgar a los demás.
  • ·      Una vez fuera del horno, reparta por donde vaya. No se preocupe, que como aquellos peces milagrosos, este platillo se multiplica exponencial y generosamente con tan solo seguir el 10% de las instrucciones.
Nota de la autora: sólo por si alguien no lo notó, todo esta receta es una sátira y no se recomienda en absoluto su consumo.

Ilustración superior: autor Mr. Monigotes
Las ilustraciones utilizadas en esta entrada no son propiedad de la autora, fueron tomadas de internet sin intención de violar ninguna propiedad intelectual. Cito la fuente. En caso de que el autor requiera que las remueva, agradeceré informármelo.  

viernes, 3 de julio de 2015

A más de la mitad del camino


El día está nublado y me siento feliz. Ya lo he dicho antes, me encanta celebrar mi cumpleaños y ésta es la cuatrigésima sexta ocasión que lo hago. No, no me canso. De hecho cada vez es más interesante, puedo observarme más y tener menos expectativas. Es decir, disfrutarlo más y más.
Este ha sido un año bueno y generoso: creé oportunidades que no me había dado antes, tuve miedo, y de todas formas fui por ellas, me sentí satisfecha, valiente, realizada. Es emocionante seguir viviendo, seguir conquistando pequeños pasos que me parecen grandes, y ver el límite de lo que creo que puedo hacer recorriéndose más y más hacia el horizonte. Hoy solo tengo ganas de agradecer, y sonreír es de las mejores maneras que conozco para hacerlo.
Y aquí seguimos, en este barrio tan rico y disfrutable... desde los 46 recién cumplidos, reportando para los cuarenta y sus alrededores, Lilyán de la Vega.

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